Volver a casa por vacaciones

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¡Muy buenas a todo@s!

Seguimos por España, aprovechando al máximo estos días con amigos y familia. En un par de días nos despedimos, aunque no por mucho tiempo. Ha sido corto pero intenso. Sin embargo, creo que si me viniera dos meses seguiría teniendo la sensación de que es corto. Hoy hago balance y te cuento lo que se siente al volver a casa por vacaciones.

Pasados los primeros momentos de euforia tras tu llegada, llegas a casa (en mi caso, la casa donde he crecido) y notas que todo sigue igual. ¡Es como si no pasara el tiempo! Las mismas costumbres, los mismos horarios. Toca desaprender esas costumbres a las que poco a poco te has ido adaptando en tu “otro país” y adaptarse de nuevo, aunque sólo sea por unos días.

De repente, te sientes como un ministro dando citas y organizando la agenda para conseguir ver a todas las personas que quieres en los días que estás por aquí. Siempre diré que una de las cosas que mejor me hacen sentir, es quedar con mis amigos de siempre. Darte un abrazo con alguien y sentir que no hace tanto tiempo que no os veíais, aunque en algunos casos haya pasado más de un año. Sin embargo, también puede resultar algo estresante querer quedar con todos. Al final del día, llegas a casa cansada y con la sensación de que has contado las mismas cosas veinte veces.

Otra sensación que se siente al volver a casa, es que paradójicamente echas en falta cosas de tu “otro” país. Yo me acuerdo de los desayunos de los fines de semana. Esos “brunchs” que tanto me gustan no sólo por lo ricos que están, sino porque te quitas desayuno y almuerzo de una vez teniendo el resto del día para hacer otras cosas.

Algo que me encanta de pasar aquí unos días es irme de tapas y volver a recodar la simpatía que, por lo general, tienen los camareros y personas que te atienden. También ahora que voy con un carrito noto que nade te mira mal, al contrario, cuando llegas pidiendo una mesa y ven que hay un bebé te hacen sitio en seguida e incluso se ponen a hacerle alguna carantoña al niño.

Otra de las cosas que más disfruto cuando vuelvo a España es la playa y el mar. Me resulta curioso porque me he tenido que ir lejos para darme cuenta de lo que me gusta el mar. Cuando vivía aquí podía pasarme todo el invierno sin pisar la playa, a pesar de tenerla al lado, y no pasaba nada. Ahora es visita obligada cada vez que vengo. Da igual que sea invierno o verano, que haga frío o calor. En este sentido soy una guiri más. Igual que cuando me siento en una terraza y voy buscando el sitio donde hace más sol. Mientras los demás intentan sentarse allí donde dé la sombra, yo estoy encantada de estar donde el sol más caliente.

En general, si me preguntas qué se siente al volver a casa, a grandes rasgos te digo que es una sensación de vuelta al origen. Reconozco en cada rincón que aquí ha estado mi casa durante muchos años. El olor a Azahar de esta época me trae muy buenos recuerdos, y parece mentira que son sensaciones que poco a poco se olvidan si no tienes la oportunidad de volver y recordarlas. Noto que estos años viviendo fuera también me han cambiado. Por ejemplo, el otro día, andando por el centro ya siendo de noche, escuché el sonido de una guitarra que salía de una academia. En otro momento de mi vida hubiera seguido andando como si tal cosa. Ahora no puedo evitar pararme y escuchar, mirar por la venta y curiosear, ya que soy consciente de que eso que ha sido normal para mí durante muchos años, en realidad no lo es para la mayoría de las personas. Igual que salir a tomar unas tapas un martes al medio día cualquiera, y encontrarte un espectáculo de cante y baile flamenco en el bar donde entras a tomarte una cerveza. Son cosas que ahora valoro y disfruto mucho más. Me hacen darme cuenta de lo especial que es esta tierra en muchos aspectos y que antes, al tenerlos todos los días, no valoraba porque eran “normales”.

En definitiva, lo que se siente al volver a casa por unos días, son en muchos casos sentimientos encontrados. Alegría de ver que muchas cosas siguen igual. Aunque también te da pena darte cuenta como en realidad sí que hay cosas que cambian. Tus amigos se casan, tienen hijos. Ya no disponen del mismo tempo que antes para ti. Y lo mismo te pasa a ti con ellos. O ver como tus sobrinas se hacen mayores y no puedes pasar con ellas todo el tiempo que te gustaría. Descubres que en ciertos aspectos te has “alemanizado”. Ahora te sorprende la cantidad de aceite de oliva que se usa para cocinar o que casi cualquier receta lleve unos cuantos ajos 😉 . También se te antoja todo tipo de dulce o comida que no encuentras con facilidad en Alemania. Yo estos días me estoy poniendo fina de dulces tipo torrijas, napolitanas, y hasta una bolsa de Conguitos que no pude resistirme a comprar ayer (en Alemania no los he visto nunca). Con la excusa de que hace siglos que no me como una de éstas, verás tu la sorpresa cuando me vea la báscula.

A veces me pregunto si irá a más. Si cada vez habrá más parte de mi “alemanizada”,  sintiéndose extranjera en su propio país. No lo sé, la verdad. Porque por muy bien que me sienta viviendo fuera (con sus matices), sé que nunca me sentiré allí como en casa. Aunque es verdad que poco a poco vas creando un círculo de amigos, gente a la ves regularmente y echas de menos cuando no estás allí. Es complicado, aunque al final lo veo como una suerte. Suerte de tener tanta gente que me importa y a la que importo en un sitio y en otro. Suerte de disfrutar de estos dos lados de la moneda. Suerte de poder criar a mi hijo en dos culturas diferentes. Suerte de poder aprender lo bueno de unos y de otros.

Pues esto es lo que contestaría a quién me pregunte qué se siente al volver a casa, aunque sólo sea por vacaciones. Y tú, ¿cómo lo ves? ¿Qué sientes cuándo vuelves a casa? ¿Te has sentido alguna vez extranjer@ en tu propio país? ¿Qué es lo que más echas de menos de tu país de acogida cuando estás “en casa”?

¡Feliz fin de semana!

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4 comments

  1. Hola Ana, la verdad es que después de estar un tiempo fuera, al volver a casa, se vuelve todo raruno. Me pasó hace años después de mi Erasmus y fueron solamente 6 meses. Ahora, viviendo en Alemania desde hace casi 4 años, la sensación es bastante parecida, pero más fuerte. Además, nos hace valorar todo muchísimo más. Cuando estoy en Alemania echo de menos el sol, la espontaneidad de la gente, la comida, la familia, los amigos… y cuando estoy en España echo de menos algunas comidas, la cerveza, el civismo, el silencio en ciertos lugares, la naturaleza, la falta de planificación….jaja

    A mí me gusta pensar que somos unas privilegiadas y habiendo crecido en un país y viviendo ahora en otro, podemos quedarnos con las buenas cualidades de ambos, eliminando las que no son tan buenas. Somos Multicultis, como dicen por aquí, jeje Creo que toda esta mezcla nos hace ser super especiales! 😉

    1. Hola Rosa! Claro que si, completamente de acuerdo contigo! Al final se trata de quedarse con lo positivo y de valorar y aprender lo bueno de cada sitio. Y desde luego que somos una privilegiadas. A veces pienso que me aburriría teniendo una vida “normal” ;). Un abrazo!

  2. Anita guapa , que bién escribes , me encata todo lo que cuentas. Podías dedicarte a escribir un libro. Disfruta mucho cada instante , bien sea en Alemania , bien sea en España. Eres afortunada de tener tantos amigos y de haber formado la familia que has formado. Enhorabuena!!! Beso fuerte.

    1. Hola Lola! Gracias por tu comentario y por tus palabras 😉 Me encanta que me leas! A ello vamos, a disfrutar de cada minuto que el tiempo vuela.

      Un beso enorme y a ver si nos vemos!

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