Cuando disfrutar de la maternidad se hace esperar

Cuando disfrutar de la maternidad se hace esperar

Disfrutar la maternidad no es algo que venga de serie cuando das a luz. Depende mucho del carácter de la persona y de la situación que le rodee. Y sí, dos años y medio de blog más tarde, me descuelgo con esto. Si aún no tienes Minis, quizá te esté descubriendo algo nuevo. Si ya los tienes, a lo mejor me entiendas sin necesidad de explicar mucho más.

Personalmente, después de muchos retos y cambios a nivel personal, creo que empecé a disfrutar la maternidad en el momento en el que me resigné ante ella, asumiendo que lo demás tendría que esperar. Si no del todo, sí ir a un ritmo más lento.

¿Disfrutar la maternidad desde el principio?

Avalancha de cambios

La maternidad trae consigo una avalancha de cambios para todos, pero especialmente para ti. «Los hijos son de las madres», habrás escuchado alguna vez. Con matices y separando cada caso, creo que llevan razón. Al final te ves como la CEO de tu casa. Todas las decisiones importantes pasan por ti. A lo mejor incluso porque tú no quieras que esto sea de otra manera. En cualquier caso, es un trabajo adicional que agota.

Si además te enfrentas a la maternidad lejos de tu entorno, (familia, amigos, costumbres), entonces te echas en la mochila un plus de dificultad. El cual se multiplica si además tienes dos bebés en dos años, como una que yo conozco. No hace falta vivir en Alemania para experimentar en tus propias carnes estas dificultades. Tengo amigas que han sido madres en sus países de origen, pero muy lejos de donde han vivido toda la vida, y también lo notan.

La escalada a la montaña

Por todo esto que te cuento y algunas cosas más, te confieso que a veces me ha sido difícil disfrutar de mi doble maternidad en Alemania. De un día para otro, pasas a estar atada de pies y manos para hacer todo lo que antes hacías sin problemas. Y no me refiero sólo a irme de vacaciones o salir a cenar. También a contratiempos del día a día como visitas al médico a destiempo, averías en casa, trabajar hasta tarde o cualquier otro imprevisto que con Minis, y sin más ayuda que tus dos manos, se magnifican. Si a eso le unimos que tienes un Mini que duerme fatal, (ahora que duermo soy aún más consciente de lo poco que he dormido los últimos catorce meses), entonces ya es para volverse locos.

Este cúmulo de cosas me hacían ver la maternidad como una escalada a la montaña, con macuto de diez kilos a la espalda incluido. Viendo una cima en el horizonte sin saber muy bien cuando llegaría y lo que me encontraría. Y resulta que ahora siento que he llegado, si no a la cima, a un área de descanso. Es el momento que más estoy disfrutando con mis dos Minis.

Disfrutar del camino

Mini C tiene brotes de ira esporádicos, y a esto me cuesta trabajo acostumbrarme. Me repito a mí misma que es la edad, que no se quedará así para siempre (espero), y que no es mi culpa. No se trata de que yo haya hecho algo mal. (Que nos gusta buscarnos a nosotras mismas como culpables de cualquier cosa que no ruede como nos gustaría).

Mini A esta hecha cada día un poco más persona, por no decir personaje. Ella tiene dieciséis meses recién cumplidos y apenas empieza a andar, pero va de mayor por la vida. No quiere babero, se quiere poner sola los zapatos y no quiere que la ayude a comer con la cuchara. Imita a su hermano, (aunque su hermano también la imita a ella), y yo no paro de alucinar cuando están los dos en acción. Por supuesto, sigue habiendo momentos de crisis, en los que los dos lloran y se lanzan a mi cuello sin yo poder hacer mucho más que hiperventilar y abrazarles de vuelta. Esperando a que se les pase y pensando a toda velocidad qué decirles para desviar su atención y que se calmen.

Los momentos buenos empiezan a superar con creces a los menos buenos. Sobre todo cuando siento las toneladas de cariño que me dan a diario. Besos, abrazos (alguna que otra torta también se les escapa, no idealicemos). Pero ahora sí que siento que soy lo más para ellos, tanto para uno como para el otro. Y esto no siempre fue así. También hemos vivido etapas de celos entre hermanos que a mí me ha salpicado, y bien.

Mi mejor momento

La vida es un compendio de facetas (familiar, pareja, personal, amigos, profesión). Y no todas suelen estar cubiertas al mismo tiempo. No por eso hay que dejar de disfrutar de los buenos momentos. Ahora que me empiezo a acostumbrar a este caos, espero que no se me hagan mayores demasiado rápido.

Por supuesto que sueño con el día en que pueda escaparme a una isla casi desierta. Con la maleta llena de bikinis y kaftanes, y con la única compañía de Mr B. Pero tengo asumido que ese día tardará en llegar. Así que mientras tanto, mejor disfrutar la maternidad y todo lo conseguido hasta la fecha. Y seguir trabajando en alcanzar metas disfrutando, o eso me he propuesto, del proceso.

¿Te has sentido subiendo una montaña con diez kilos a la espalda, sin saber muy bien cuando llegarás al área de descanso? ¿Disfrutaste plenamente de tu maternidad desde el minuto uno?

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