El día que me sentí extranjera en mi propio país

El día que me sentí extranjera en mi propio país

¡Muy buenas! Como ya sabéis los que nos seguís en el día a día, hace unas semanas que volvimos de pasar unos días en España. Las rabietas estuvieron a la orden del día y me tocó hiperventilar mucho más a menudo de lo que me hubiese gustado. Desde que empecé a vivir en Alemania, son muchas las veces en las que me he sentido extranjera en mi propio país. Y esta vez no iba a ser distinto. ¡Raro pero cierto!

Acostumbrada a vivir en Alemania

Cuando me preguntan el tiempo que llevo viviendo en Alemania, hasta yo misma me asusto. ¡Vamos para siete años ya! Y aunque vamos a España muy a menudo, pienso que es inevitable adoptar ciertas costumbres que no practicaba en mi país de origen. Creo que ahí está la clave de todo. Noto además, que mi adaptación al país germano ha aumentado exponencialmente desde que me he convertido en madre en Alemania.

Extranjera en mi propio país

Todo ha cambiado

Antes de ir a algún sitio que «crees» que conoces, mejor pregunta primero. Las tiendas que conocías ya no está, o les han cambiado el nombre. Donde antes ibas a tomar café resulta que «ya no está bien» pero que han abierto otro nuevo y mejor al lado. Si quieres hacer una excursión a la playa, también preguntas por referencias sobre sitios donde ir a comer o donde alojarte. (O donde sople menos el viento 😉 ). Al final, la diferencia fundamental entre tú que naciste allí y otro que venga de visita, es que tú conoces a mucha gente y recibes información de primera mano. Aprovéchala.

Abrir las ventanas

Mientras que desde que comencé a vivir en Alemania, estoy cada vez más obsesionada con la ventilación (Belüftung). Resulta que en España, es mejor controlar el tiempo que las ventanas se quedan abiertas. (Por todo el polvo que entra, además del calor). Y es que es una realidad que en las zonas que menos llueve, hay más polvo en el ambiente. Si abres una ventana media hora, podrías comprobar como efectivamente ese molesto visitante se ha apoderado de tu salón.

El sol

Tres horas y veinte de vuelo y te trasladas a otra realidad. Con casi total seguridad, un sol de justicia y 15 ó 20 grados de más te darán la bienvenida. (Al menos en mi caso, que vuelo a Jerez o Sevilla la mayoría de las veces). La sensación de verano te invade y te vienes arriba como la espuma, mientras buscas con ansia tus gafas de sol en el bolso.

Ahora ya eres una extranjera más. (Con todos mis respetos a los extranjeros, que estoy casada con uno). Buscas la primera terraza a pleno sol que encuentres y allí que te sientas ante la mirada estupefacta de los que van contigo. (Familiares o amigos que prefieren comer debajo de la sombrilla o incluso dentro con el aire acondicionado).

Con 30 grados tú ya vistes como en agosto

Ya no recuerdas que existe el calor más allá de los 30 grados, así que en cuanto el termómetro se acerca a esa temperatura, sacas la artillería pesada. Sandalias, camisetas de tirantes y vestidos vaporosos. Sales a la calle embadurnada con protección solar y cuando te paras a mirar a tu alrededor, te sorprendes al comprobar que algunos aún van con botines por los tobillos y vaqueros. <<¡Con este calor!>>.

Profundizando más en tus pensamientos, caes en la cuenta de que 28 grados para gente que sabe que pasará de los 40 grados más pronto que tarde, no es calor. Para tí, que llevas seis meses entre -4 y 15 grados, 28 grados es el Caribe.

Si además vas a España por algún evento – véase boda o similar – ponte las pilas. El nivel para arreglarse en el sur de España es nivelón, y toca ponerse al día en cuanto a tendencias y modas a marchas forzadas.

Hace poco discutimos largo y tendido sobre la forma de arreglarse y cuidarse en España o en Alemania. Opiniones de todo tipo y todas subjetivas, claro. Lo que sí es una realidad es que en España encontrarás modelazos a precios mucho más asequibles y con mucha más variedad donde elegir que en Alemania.

¿Y qué me decís de los niños? La forma de vestir de los niños en el sur de España poco tiene que ver con cómo visten los niños en Alemania.

La hora de ir al parque

Si ya estás totalmente adaptada a los horarios en Alemania, da igual lo que te propongas. En España te acostarás más tarde, almorzarás más tarde y dormirás siesta. No hablo de ti que vives en España y tienes tu trabajo. Me refiero a quien venga unos días a España e intente mantener su ritmo de Alemania. ¡Es imposible! (Y si lo has conseguido, por favor cuéntame tu secreto).

Para empezar, con este calor (aunque estemos en mayo hace calor) es difícil pensar en un plan para la hora de la siesta que no sea dormir. Si a eso le sumamos que has almorzado mucho más que normalmente. Con casi total seguridad caerás rendida en el sofá. (Si tus Minis te lo permiten). Sí, tus Minis, esos que andan como una moto a todas horas. Es posible que se duerman la siesta de su vida entre las 3 y las 6 de la tarde, y tengan energías más que suficientes para aguantar hasta las 10 de la noche. Despídete de tu momento zen para cenar con tranquilidad o disfrutar de una peli.

Además, si se eres de las que se propone algo y quieres hacerlo durante la hora de la siesta, (entre las 3 y las 4:30 me atrevo a especificar), mejor que no necesites de ninguna tienda abierta. Muchos comercios cierran de 13:30 a 17:30 de la tarde. Eso sí, después puedes estar de compras hasta las 20:30 o incluso las 10 de la noche. Dependiendo de a donde vayas.

Comidas

Para alguien que desayuna normalmente sobre las 8 y almuerza sobre las 12:30, posponer el almuerzo a las 3 de la tarde significa devorar el plato que te pongan por delante. A no ser que pertenezcas al grupo de a los que el calor les quita el apetito, terminarás comiendo el doble de las ganas que has ido acumulando. (Además de que la comida cocinada por una madre sabe el doble de bien).

Ahora estoy, además, obsesionada con las tapas. Allí a donde vaya lo que a mí realmente me importa es que haya tapas. Eso de probar muchas cosas, casi siempre riquísimas todas, me gusta más que nunca.

Vida en la calle

Es lo que tiene vivir en un clima cálido. Invita a salir y a pasar tiempo en la calle. Como buena extranjera en mi propio país, aprovecho cada oportunidad para estar un ratito fuera. Ya sea escribir este post en la mesa del jardín (empezar a escribirlo, mejor dicho) salir a comprar el pan, y ya de paso desayunar fuera. O salir de compras y ya que estamos, tomar una cervecita en la calle. Los Minis lo están disfrutando mucho también, y cada vez que Mini C oye «nos vamos a casa» grita: «¡A casa no!». Se me está españolizando a pasos de gigante.

Disfruto mucho más de las cosas «normales»

Ahora disfruto más que nunca de los aperitivos con vistas al mar. (Muy guiri esto también). Busco mesas al sol aún asumiendo el riesgo de que tras el postre, no quede de mí más que la mancha. Disfruto mucho más de los buenísimos vinos que tenemos, la calidad de las materias primas (esa variedad de pescado, ¡ése jamón!, los tomates), y la simpatía de la gente.

En general, España esta llena de sitios buenísimos para comer y de personal atento y muy amable, sobre todo con los niños. (Esto ahora también me sorprende cuando vengo, y reconozco que me encanta). En esto España me recuerda a Portugal, un país muy recomendable también para viajar con niños.

Llegar a un restaurante con un Mini dormido en el carrito (y el otro dormido en el pedal, que penita de él) y que te ofrezcan tumbar a uno de ellos poniendo manteles doblados a modo de colchón sobre dos sillas, hace que quiera abrazar al camarero. No digo que esto en Alemania no pase, pero desde que me vine a vivir a Alemania, a mí nunca me ha ocurrido. Más bien me dan la mesa más apartada del salón, nada más ver que aparezco con dos niños y un carrito doble. Más cosas que no me gustan de vivir en Alemania.

Parques con columpios

Doy por hecho que esto depende mucho de la zona y la ciudad en la que vivas. En mi caso, la zona en la que estoy cuando vengo a en España no cuenta con muchos parques con columpios. (Al menos, si lo comparo con Alemania). El más cercano, a unos 10 minutos andando, no está muy cuidado. Y los que están mejor conservados, están a una media hora dando un paseo. Además, y a pesar del calor que suele hacer por aquí, apenas hay sombras. Por lo que volvemos al tema de los horarios y vemos lo relacionados que están con el clima.

Ir al parque a las 3 de la tarde, como hago en Alemania, es una locura. Así que la alternativa es ir sobre la 7. ¿Y sabes lo que eso significa? Que mi empeño de acostar a los Minis a las 8 es misión imposible.

Los cambios de aires sientan bien

Creo que sentirme extranjera en mi propio país forma parte del proceso de vivir en Alemania. Volver a España con los niños, es un caos para todos. Un caos que nos viene muy bien para desempolvarnos algunas costumbres alemanas que vamos adoptando como nuestras. (Como la falta de espontaneidad a la hora de hacer un plan de un rato para otro). Llenarnos de vitamina D y darnos cuenta de la suerte que tenemos los que podemos disfrutar de los dos sitios. Si te gusta Alemania o quieres venirte a vivir aquí, aquí te dejo varias curiosidades alemanas que deberías conocer.

Una cosa que me ha quedado clara después de unos días por España, el calor afecta a los niños. (Los cambios de clima, en general). Les pone como una moto, vamos. Si a eso le sumas que cambias su entorno, sus horarios, sus comidas y el idioma, no es de extrañar que en lugar de Minis, parezca que tienes dos mini seres cambiando constantemente de humor a tu alrededor. Lo mismo juegan que se pelean; lloran que ríen; o vienen a darte un beso, que cambian de opinión y te llevas una torta. (De esto tenemos que hablar un día).

Aunque a veces dudes de la brillantez de tu idea. La de haberte aventurado a cambiar temporalmente de país, clima, horarios, comida y casa. Y encima haberlo llamado vacaciones. Seguro que finalmente te alegras.

Y tú, ¿te has adaptado totalmente a vivir en Alemania? ¿Te has llegado a sentir extranjera en tu propio país?

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