Desconectar para poder continuar

desconectar

Llevo unos días desconectada, estarás pensando. Pues no creas que no me acuerdo de vosotros cuando pasa un tiempo sin que escriba. Estamos fuera de casa y el cambio de las rutinas nunca me ha ayudado en la disciplina. Me acuesto más tarde, me levanto también más tarde. Andamos todo el día para arriba y para abajo. Y cuando tengo tiempo me apetece mirar al techo, perder el tiempo, aburrirme (a ver si un día lo consigo). ¿Me estaré volviendo vaga? Me pregunto. Creo que no. Creo que para poder dar, primero hay que llenarse. Hay que tomarse el tiempo necesario para volver a ese punto de equilibrio que te lleva a la estabilidad. Salir de la vorágine en la que muchas veces nosotros mismos nos metemos. Tomar perspectiva o como me gusta pensar, coger impulso para continuar. En definitiva, desconectar. A menudo querer llegar a todo es dejarse las cosas a medio a hacer. Y te confieso que me pone muy nerviosa tener la sensación de que puedo hacerlo mejor (como madre, como amiga, como hija… También con el blog). Claro que hay que ponerlo todo en su debido contexto. Pero por eso mismo hay veces que hay que parar, pensar, volver a organizar las ideas en la cabeza para así poder continuar.

De España a Italia pasando por Alemania

Esta semana ha sido una semana de desconexión. Tras diez días intensos en España, con un programa completo de comidas familiares y con amigos. El domingo temprano volamos de vuelta a Alemania. Tras una breve parada para almorzar, continuamos nuestro camino hacia Italia. Nuestras primeras vacaciones solos los tres. 

Aprendiendo italiano

Me encanta Italia y me encanta el italiano. Así que como se ha dado la oportunidad y somos unos motivados, desde el miércoles estamos yendo a clases de italiano. Cuatro horas al día hasta completar treinta horas. Pensarás que estamos locos, ¿quién se pone a aprender una lengua que no necesita en sus vacaciones? Pues yo estoy encantada. Me tienes que ver memorizando tiempos verbales y preguntando a cada minuto: Come si dice? Además, no hay nada mejor que aprender un idioma estando en el país donde se habla. Tener la cabeza completamente inmersa en otra cosa me hace mucho más fácil desconectar. Conseguir alejar las preocupaciones y disfrutar de cada momento sin pensar en qué vamos a hacer mañana. Llegar a ese punto donde ya no sabes si es martes o miércoles. O mejor aún, domingo o lunes.

Seguir en contacto

Sin embargo, aunque desconectar del día a día está genial, os echo de menos. Hoy he encendido el ordenador por primera vez desde hace unos días y he leído varios mensajes y comentarios que algunos de vosotros me habíais dejado. No te imaginas la ilusión que me hace y la motivación que para mí supone sentir que hay alguien ahí a quien le sirve, de una manera u otra, lo que escribo. Así que a ver como lo hago, porque aún me quedan unas cuantas horas de italiano por delante y algunos días por Italia. Pero te lo iré contando. Te contaré cómo es recorrer Italia en coche con un bebé de ocho meses que cada vez para menos quieto. Ahora pretende ir sentado en el Maxi Cosi en lugar de tumbarse. Te contaré la aventura de comprar papillas o leche de fórmula en el supermercado en Italia (¡¿por qué los tarros de papilla son tan pequeños?!). Y si creía que había diferencia entre cómo se comportan los alemanes y los españoles respecto a los bebés, los italianos ya juegan en otra liga. Allí donde vamos nos reciben con una sonrisa de oreja a oreja en cuento que ven a Carlos. Por no decir que si te descuidas le cogen en brazos y se ponen a bailar con él. También nos han regalado algo rojo para colgar en el cochecito y así ahuyentar al mal de ojo. No se me habría pasado nunca por la cabeza.

Cruzando Italia con un bebé

Elegir la ropa por las mañanas se está convirtiendo en una tarea nada fácil. Entre que a Carlos se le queda pequeña muy rápido; que hemos pasado por tres climas distintos en las últimas tres semanas; y que los estilos de vestir a los bebés según donde estés cambian como de la noche al día. (Algún día tengo que escribir sobre esto porque hay mucho que decir). Se vuelve todo un desafío encontrar por las mañanas algo en el armario con lo que Carlos no se ase, ni se hiele, ni piensen que es una niña por llevar un body con cuello.

Sin mencionar el tema de hacer maletas siendo tres. Reconozco que nunca he sido escueta con el tema de hacer maletas. Siempre caigo en la tentación de echar ese par de chaquetas “por si acaso”, que en la mayoría de los casos no hacen falta. Sin embargo, desde que soy madre y hago también la maleta para un bebé, soy mucho peor. Cremas varias; un termómetro por si se resfría; las tijeritas para cortarle las uñas (increíble lo rápido que les crecen y la de arañazos que se hacen en cuanto te descuidas); unos juguetes para que se entretenga; una manta para sentarle en el suelo; biberones y su respectivo calientabiberones (sí, al final hemos sucumbido a comprar uno). Y no sé cuantas miles de cosas más. A veces pienso si no sería mejor dejarme la mitad en casa e ir comprando conforme vayamos necesitando, pero quién se arriesga. Luego no encuentras lo que buscas y te arrepientes de no haberlo cogido. Lo peor es que al final siempre te acuerdas de eso que no has echado. Probablemente la única cosa que te has dejado en casa. Sin duda, tengo que mejorar en esto de hacer maletas o ya mismo necesitamos una furgoneta en lugar de un coche.

Y tú, ¿cómo consigues desconectar? ¿Cuál es tu experiencia pasando varios días viajando con un bebé? ¿También haces maletas como si te mudaras para siempre? ¿o perteneces a ese grupo de privilegiadas que pueden viajar hasta dos semanas sólo con equipaje de mano?

¡Buen comienzo de semana a todos!

Seguiremos informando 😉 .

 

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