Bienvenida Mini A

Mini_A

¡Ya estoy de vuelta! La razón de mi ausencia no es ni más ni menos que el nacimiento de Mini A. Si las semanas previas a la fecha prevista de parto estuvimos más que entretenidos combatiendo virus, bacterias y todo tipo de bichos de esos que es mejor mantener alejados de casa. Una vez llegaron los abuelos, la cosa se normalizó y me dio tiempo a disfrutar de los últimos días del embarazo.

Bienvenida mini A

La fecha prevista de parto

Llegó el día en el que salía cuentas y Mini A no dio ni una señal (sólo el 4% de los bebés nacen el día que se les espera). Los primeros días estaba hasta contenta de que Mini A aún no se hubiera decidido a salir. Aproveché para hacer las últimas compras (¡como un cochecito doble para los dos minis!) y a terminar de preparar la maleta del hospital. (Cada vez me resulta más difícil hacer maletas, y si es para ir al hospital ya ni te cuento).

Los días pasaban y Mini A seguía cómodamente en mi barriga. No te quiero ni contar la de mensajes que recibía a diario preguntando si ya estaba de parto o contándome todo tiempo de métodos para ponerme de parto de forma natural. Cada vez pensaba más en la posibilidad, nada ilusionante, de que me lo tuvieran que inducir. La verdad es que si ya de por si a este parto iba con mucho más respeto (por no decir miedo) que al parto de Mini C. Si encima me lo hubiesen tenido que provocar, creo que no lo hubiera llevado nada bien. Menos mal que al final no fue necesario y que, aunque se lo pensó unos días, cuando Mini A se decidió a nacer no pudo hacerlo mejor.

Y el día D por fin llegó

Tres de la mañana del 15 de octubre. Como ya venía siendo una costumbre los últimos meses, me despierto con ganas de ir al baño. Me levanto de la cama y noto un dolorcillo en la barriga, nada del otro mundo. Así que no le doy más importancia. Al volver a la cama, estando ya tumbada, noto otro dolorcillo. Son contracciones. Suaves sí, pero contracciones. Cierro los ojos pesando en que se me pasarán y antes de darme cuenta me da otra. Vienen con relativa frecuencia y parecen periódicas, así que miro el reloj para ver cada cuanto tiempo vienen. Cada seis minutos. Pienso en el parto de Mini C y recuerdo que cuando fui consciente de que tenía contracciones periódicas, éstas venían cada veinte minutos. Me pongo nerviosa.

Pregunto a Mr. B si está despierto, a lo que me contesta “sí”. Le digo que “creo” que tengo contracciones (por aquello de dosificar la información) y que voy a la ducha a ver si se pasan. Una vez en la ducha, veo que no sólo no se me pasan sino que van a más. Desecho la idea de volver a la cama y me visto. Mr. B se prepara en cinco minutos mientras yo sigo decidiendo si me llevo acondicionador para el pelo o mejor mascarilla (xD). Mr. B empieza a ponerse de los nervios al verme con esa parsimonia y yo le digo que se relaje, que después se hace muy largo en el hospital. (El parto de Mini C fue muy largo y, con esos antecedentes, no quería salir corriendo a pesar de que ya me habían advertido que el segundo parto podría ser mucho más rápido. Pero no quería hacerme ilusiones).

Llegada al hospital

Sobre las cuatro de la mañana algo pasadas salimos de casa.  Llegamos a las cuatro y media a la zona de partos del hospital (Kreißsaal). En seguida llega una ginecóloga. Le cuento que tengo contracciones desde hace una hora y media y que vienen aproximadamente cada tres minutos. Nos pasan a una sala de monitores y me dicen que me tumbe en la camilla hasta que venga la matrona. Impensable. Los dolores ya eran relativamente intensos y el sólo hecho de imaginarme tumbada me descomponía el cuerpo. Opté por quedarme de pie y andarear por allí hasta que llegara la matrona. Treinta minutos más tarde me conectan a monitores. (Esa noche estaban un poco saturados de bebés que se habían puesto en camino).Yo ahí ya estaba viendo alguna estrella que otra con las contracciones, pero intentaba mantener la calma pensando que eso no había hecho nada más que empezar. Después de los treinta minutos de rigor en monitores que la matrona nos había dicho, algo me decía que aquello iba que se las pelaba. Así que viendo que por allí no pasaba nadie, pulsé el botón que llama a la matrona y me confirmó lo que yo ya sospechaba: tenía entre cinco o seis centímetros de dilatación.

Entrada en el paritorio

“Nos vamos a la sala de partos”, dijo la matrona. A lo que yo le conteste: “quiero la epidural”. “En seguida. Voy a buscar al anestesista”. Veinte minutos después, en los que Mr. B y yo nos quedamos solos en la sala de partos, llegó la anestesista. Durante estos veinte minutos yo había sudado la gota gorda en el sentido más literal de la palabra. Había estado de pie todo el rato recordando ejercicios que habíamos practicado en el curso de preparación al parto que hicimos con Mini C y que nunca llegué a poner en práctica en su parto. Intuía que aquello había avanzado bastante, así que antes de que se pusieran manos a la obra para pincharme, le pregunté a la matrona de cuántos centímetros estaba ya dilatada. “Nueve centímetros”, contestó tajante. Y le dije: “pues ya no quiero epidural. Es tarde”. (No soy médico ni enfermera, pero después de la experiencia de Mini C,  no quería volver a recibir la epidural cuando ya estoy prácticamente dilatada). Opté por el camino desconocido y me lancé a pelo a por el nacimiento de Mini A.

El alumbramiento de Mini A

La cara que puso la de la anestesia epidural fue un poema, pero me dio igual. Y ahora te digo que es lo mejor que pude hacer. Pero en aquel momento me quise morir de pensar que hubiera alguna complicación y yo sin ningún tipo de atenuante para tanto dolor. Sin embargo, me empecé a venir algo más arriba cuando fui consciente de que en las contracciones siguientes, inconscientemente, me vino una necesidad de pujar como para ayudar a salir a Mini A. Unos minutos más tarde rompí aguas, qué sensación. Las contracciones venían muy seguidas, cada treinta segundos te diría… aunque quizá las pausas llegaban al minuto.

Tras veinte minutos y tres posiciones diferentes guiadas por la matrona y la ginecóloga, noté como salía la cabecita de Mini A. El vello de punta se me pone al recordarlo. Después de tantos dolores, un inmenso alivio me invadió al comprobar que lo habíamos conseguido. Menos de cuatro horas transcurrieron entre que me desperté con las primeras contracciones y le vi la cara a Mini A. Jamás pensé que podría soportar un parto sin Epidural y ahora no me creo que lo haya logrado. (Aunque fuera involuntariamente, porque si llega a venir antes la hubiera abrazado con gusto).

Un parto perfecto

Un parto perfecto (creo que mejor no podría haber sido) con el mejor regalo de saber que tu bebé y tú estáis bien. Los minutos después fueron mágicos. Piel con piel. Notar su cuerpecito calentito y pringoso sobre el tuyo, tembloroso aún por el esfuerzo. Unos minutos más tarde sólo quedaba alumbrar la placenta y comprobar daños colaterales. Ahí también tuve suerte. Nada de puntos. Ni en mis mejores pronósticos podría haber imaginado un parto así. Ahora a seguir disfrutando de este gran regalo y de los primeros días en familia.

Gracias de corazón a todos los que os habéis interesado por nosotras estos días. Así da gusto.

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14 comments

  1. Felicidades para toda la familia!!!!!

    1. ¡Muchísimas gracias Inma! Estamos muy contentos.

      Un abrazo,
      Ana

  2. Enhorabuena!! Felicidades!!! Y a disfrutar de tus Minis!!!

    1. Mil gracias!!

      Un abrazo,
      Ana

  3. Enhorabuena!!! Qué bebé más lindo, disfrútalo!!!

    1. ¡Mil gracias!

      Un abrazo,
      Ana

  4. Ana, lo que me ha alegrado leer que todo salió tan bien! Enhorabuena campeona!

    1. ¡Muchas gracias Rosa!

      La verdad es que ni en mis mejores pronósticos me lo hubiera imaginado todo tan bien. Ahora a comprar antiojeras 😉

      Un abrazo,
      Ana

  5. Felicidades Ana! un abrazo

    1. ¡Muchas gracias Carina!

      Un abrazo también de vuelta,
      Ana

  6. Felicidades Ana!!! Mi parto también fué muy bueno( y éso que fué inducido, pero en 3h niña fuera). Éso sí, de 6 me pusieron epi, y en cuestión de minutos me planté en 10 cm. Así que sin dolor, súper rápido, y en 3 pujos ( literal) MiniVir fuera….que recuerdos. …que no daría yo, cómo decía la Jurado . Disfruta éstos 8primeros días…son caóticos…pero mágicos…un beso para los 4, de tu primo, mío y MiniVir

    1. ¡Hola Virginia!

      ¡Qué suerte tuviste! Mi parto de Mini C fue un horror y estaba muerta de miedo ahora con Mini A… De ahí el subidón cuando vi que ya estaba fuera y que todo había pasado.

      Los primeros días están siendo muy buenos. Mini A es una Santa y el que nos da más trabajo es Mini C, que no esta contento ni al sol ni a la sombra… ¡Tiempo al tiempo!

      ¡Te envío un besote enorme para tí super mami y para vuestra mini Vir! Y por supuesto otro grande para mi primo 🙂

      ¡Un abrazo y a cuidarse mucho!
      Ana

  7. […] que Mini A cumplió su primer año. ¡Y parece que fue ayer cuando le escribí esta entrada de bienvenida! Con ella, todos nosotros nos graduamos oficialmente como familia de cuatro. Ahora ya con un año […]

  8. […] Mini A llegó con una semana de retraso, pero sin titubear demasiado. Tres horitas de travesía y voilà. Allí apareció ella con su carita perfecta, sonriente y dispuesta a comerse el mundo. Mini C  la conoció un día más tarde. Vino a visitarnos al hospital con sus abuelos y su padre. Al entrar en la habitación, yo tenía a Mini A en brazos y esto Mini C creo que no lo entendió. ¿Qué hacía su madre con un bebé encima? A la falta de juego en común de los últimos meses, se le unía que ahora su madre estaba con un bebé pegado a ella las veinticuatro horas del día. […]

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